El impulso de este proyecto nace del encuentro con dos personas que, sin proponérselo, tocaron los hilos precisos de la memoria y encendieron la chispa que lo hizo posible. Dos voces, dos presencias, que tejieron preguntas profundas en el cuerpo y el tiempo.

La primera es la Partera Miriam Padilla, quien, en el año 2022, durante un encuentro entre parteras tradicionales y urbanas de distintas regiones de México, celebrado en el marco de la revisión a la Norma Oficial Mexicana sobre partería, ofreció una reflexión que sembró raíces en el corazón de este proyecto.

En medio de los diálogos que nos reunían a pensar la práctica, Miriam lanzó al aire una serie de preguntas que aún resuenan como campanas suaves en la conciencia: ¿Qué sabemos de las parteras tradicionales de los territorios que habitamos? ¿Sabemos si necesitan algo? ¿Cómo nos cuidamos entre nosotras? Preguntas que no sólo interpelan, sino que despiertan. Desde entonces, una semilla se quedó latiendo: ¿Qué sé yo de la partería de Colima? ¿Dónde están las voces, los saberes, las memorias de quienes han sostenido la vida con sus manos de este mágico territorio?

El segundo impulso llega en 2023, de la mano del Arqueólogo Fernando González Zozaya, compañero de aventuras académicas, de conversaciones hondas y cuestionamientos que abren grietas luminosas en lo que creíamos fijo. En una de esas charlas donde la vida y la muerte se entrelazan, me habló de una escena de parto ancestral localizada en el municipio de Villa de Álvarez, fechada en el año 2011.

Su relato encendió la certeza de que la partería vive también en las piedras, en las figurillas, en los silencios del pasado, en las parteras del presente.  Ese hallazgo arqueológico, se convirtió en un llamado de una voz antigua que pide ser escuchada, visibilizada, contada.

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